"CONTRAINFORMAR ES TAMBIÉN HACERSE CON HERRAMIENTAS QUE PERMITAN LA DIFUSIÓN HORIZONTAL DE INFORMACIÓN, CONSTRUIR PUENTES QUE HAGAN CIRCULAR CONTENIDOS CON VALOR DE USO, DESBARATAR LA ILUSIÓN DE UNA "OPINIÓN PÚBLICA LIBRE". CONTRAINFORMAR ES TAMBIÉN ROMPER LA ATOMIZACIÓN QUE EL CAPITALISMO GLOBAL ESTÁ GENERANDO, ENTRELAZAR REALIDADES SOCIALES TRANSFORMANDO LA AVENTURA INDIVIDUAL EN UNA RELACIÓN SOCIAL COMUNICABLE Y COMUNICADA" Miembros de la Asamblea de Nodo50

dimecres, 26 d’octubre del 2011

El lado oscuro del ciberactivismo

¿Que de qué película estamos hablando? No, no. Nada de ficción. La realidad es que si sumas hacker más activismo el resultado es hacktivismo.





El término hacktivismo fue acuñado en el año 1995 por el autor y crítico cultural Jason Sack, para referirse, por lo general, a "la utilización no-violenta de herramientas digitales ilegales o legalmente ambiguas persiguiendo fines políticos. Estas herramientas incluyen desfiguraciones de webs, redirecciones, ataques de denegación de servicio, robo de información, parodias, sustituciones virtuales, sabotajes virtuales y desarrollo de software". Normalmente promoviendo valores como la libertad de expresión, los derechos humanos y la ética de la información.


Pero lo cierto es que este término encierra cierta controversia ya que es utilizado para nombrar dos tipos de conducta cibernética: una, políticamente constructiva de desobediencia civil anarquista, y otra, anti-sistema e indefinida. La ambigüedad del concepto, la ausencia de una agenda clara y su esencia secreta y aislada provocan distintas miradas hacia estos movimientos. Los dos extremos antagónicos serían la mirada hacia las acciones directas electrónicas como herramienta en favor del cambio social al combinar la programación con el pensamiento crítico y la mirada maliciosa y desconfiada que tildan de destructivos a los actos hacktivistas que vulneran la seguridad de Internet como la plataforma tecnológica, económica y política que es.


Para los gobiernos, el hacktivismo no es nada agradable, ya que sus actuaciones (por ejemplo, el anuncio del fin de Facebook, los ataques a la CIA o los cables de Wikileaks) demuestran que una de sus características es la ausencia de límites. Algunos expertos aseguran que la fuerza de este movimiento no es la calidad o la profesionalidad, sino la cantidad de hackers, que se crecen respaldados por el anonimato y la impunidad que ofrece la red para esta clase de actuaciones.



                             



Los hackers se reúnen en hacklabs o laboratorios hackers donde se organizan y aprenden de forma autónoma o cooperativa. Aunque normalmente se rigen por un componente ideológico, no son vistos como una militancia sino como un lugar donde aprender y experimentar. El primer hacklab de España, Kernel Panic, se creó a partir del primer hackmeeting español, en el 2000.

Actualmente existen unos 22 hacklabs en nuestro país y continúan creciendo en número.


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